¿Cómo llegaron a Europa?
La mayoría de las especies exóticas etiquetadas como invasoras en la UE no son feas ni dan miedo. Su aspecto no causa alarma. Al contrario, algunas se caracterizan por unos rasgos estéticos sobresalientes. Es el caso de algunas especies exóticas que se introdujeron con fines ornamentales (la planta del hielo, la hierba de la pampa, el jacinto de agua) o incluso sirvieron como especies de compañía (el periquito de anillos rosados, el deslizador de vientre amarillo, la ardilla siberiana) que más tarde se liberaron inconscientemente en la naturaleza o se escaparon.
En algunos casos, especies económicamente valiosas fueron traídas intencionadamente a Europa por su utilidad como alimento (como la carpa común o el cangrejo de río rojo de los pantanos), para ser criadas por su piel (el mapache) o como agente de biocontrol en la agricultura (la mariquita arlequín).
Otras especies exóticas se introdujeron involuntariamente a través de plantas hortícolas (la babosa española) o en productos importados de orígenes lejanos (el avispón patiamarillo).